POEMAS DE LA PAMPA POR “GINA”

 

 

SEMBLANZA DEL PADRE PAMPINO

 

Cuando el sol se oculta en el horizonte y el crepúsculo extiende su mágico velo sobre los hombres, al salir de tu trabajo, te veo regresar exhausto a tu hogar; tu rostro denota el cansancio. Tus hijos te divisan desde lejos y dejando sus juegos, alborotados salen a tu encuentro, y entonces un beso, una caricia de ellos bastan para que se produzca el milagro, y tu rostro fatigado se ilumina, y en tus labios resecos por el sol y la tierra calichosa del desierto, se dibuja la más hermosa de las sonrisas, aquella que deja traslucir el más maravilloso y bello de todos los sentimientos: El Amor, y tus hijos saben que este sentir es recíproco; ellos también te aman y comprenden tu sacrificio. Tus curtidas y ásperas manos los acarician, y ese contacto de padre e hijo, se vuelve suave, dulce y tierno; el cansancio desaparece y tus fuerzas se renuevan para emprender la nueva jornada que te aguarda el siguiente día. La remuneración es exigua, es cierto, no puedes darles todo lo que tú quisieras, no obstante, dentro de todas tus limitaciones, eres inmensamente feliz. Cuando te sientas con tu mujer y tus hijos alrededor de tu mesa, olvidas el mundo exterior; y ese pan, ganado con el sudor de tu frente, compartido con amor, sabe al más exquisito de todos los manjares de este mundo.

Padre pampino, quiero expresar en estas breves líneas, toda mi admiración y respeto por ti, por tu tremenda calidad humana, aquella que poseen las almas sencillas y buenas, y permíteme, en memoria de mi padre ausente, rendirte este humilde, pero sincero homenaje, que nace de un corazón que lleva plasmada la imagen de un padre cariñoso, sacrificado y noble. En síntesis: ¡Un padre excepcional!

“G I N A “

EL MOLINILLO DE MAMÁ

Hoy sólo queda de ti un fierro oxidado,
Útil herramienta de una mujer pampina.
Crujía entre tus dientes el trigo tostado,
Hasta convertirse en suavísima harina.

Si pudieras contarnos tu ruidosa historia,
Nacida en la árida pampa taltalina,
Nos dirías que unas manos laboriosas,
Con esmero, día y noche te movían.

Guardo desde niña el recuerdo en mi mente
Del rechinar de tu bulliciosa monotonía,
Y de esas inquietas e incansables manos;
Las manos virtuosas de mi madre pampina

“G I N A “

 

AMIGA MIA

 

Amiga mía despiértate de tu largo sueño, levántate de tu salitroso lecho. Deja tus despojos y vístete con las luces del alba. Ven conmigo, subamos a los ripios como antes, invítame a tu pasado dormido que estoy ansiosa de el. Cuéntame de tus penas y alegrías, y yo mi buena amiga te confidenciaré las mías.

Despleguemos las alas de nuestra fantasía y volemos por cielos infinitos. Sentémonos en una mullida nube y desde allí contemplemos nuestra solitaria pampa; cubramos su desnudez con un verde manto de esperanza; poblémosla de gente, de casas de humeantes cocinas de barro, de alegres niños correteando por las calles polvorientas. Impregnémosla de bellas melodías del ayer, de aquellos boleros que cantaba lucho Gatica; nuestro amor compartido, el que nos hacía sufrir en silencio, sin llanto ni gritos histéricos. Hagamos renacer el amor bajo los pimientos de la plaza y en cada esquina que antes nos sirviera de escondite para las citas furtivas de todos los enamorados.

Amiga mía, desde nuestra nube de ensueño, encendamos las apagadas chimeneas, pongamos en marcha la maestranza, la casa de máquina, la casa de fuerza, echemos a andar los trenes, abramos la pulpería, el hospital, la escuela y todo centro laboral. Despertemos con una tronadura las abandonadas calicheras, saturémonos de aquel pasado de juvenil ensueño, corramos hacia el teatro, llenémoslo de público, abramos el telón y saludemos con una graciosa venia, verás cómo nos silban, y admiran nuestra belleza como ayer. Presentémosle la obra: “Cuando los hijos se van”, o “La Dama de las Camelias”, o quizás “Chuquicamata”. Y como siempre tú serás la primera actriz. Tras el último acto nos aplaudirán a radiar, se abrirá de nuevo el telón y todo el elenco recibiremos de nuestro querido público una gran ovación.

 

“G I N A “

 

 

CANTO A LA REINA

 

Allá en la pampa donde el sol ardiente curte los rostros de mineros esforzados

naciste cual una flor bellísima e imponente con tu seño de reina ya trazado.

El viento de la pampa fue el primero en cantar a tu grácil belleza con agrado

y el astro rey ha ceñido con esmero sutil corona que tus cabellos ha dorado.

Eres como un milagro floreciente que de estas áridas tierras ha brotado

para alegría y orgullo de nuestra gente a la que con tu gracia y belleza has cautivado.

De los hijos del salitre en este día en homenaje a la mujer norteña

como fiel representante fuiste la elegida y te coronamos reina de esta primavera.

“G I N A “

 

DUERME PAMPA MÍA

 

Duerme, duerme pampa mía,
Que el viento vela tu sueño.
Pampa triste y dolida,
al llegar el nuevo día
el sol te cubrirá de besos
Más tú seguirás dormida.

En amarga despedida,
tuvimos que alzar el vuelo
cual errantes golondrinas
y tú quedaste sumida
en ese letargo eterno,
tras nuestra penosa partida.
Tus pimientos casi sin vida
gimen ya sin aliento
en su triste agonía.

Se fueron sus avecillas,
alejándose de ese desierto
que antes fuera su alegría.
Y en esa fugaz huida
Se llevaron un concierto
de trinos y poesía.
Las estrellas conmovidas
te dirán en sus destellos
“Volverán algún día”.

Yo siempre te siento mía,
y estás presente en mis sueños
despierta y también dormida.
Duerme, duerme pampa mía,
que quizás sean nuestros nietos
los que te vuelvan a la vida.

“G I N A“

 

PAMPA AMADA

 

Cómo olvidarte pampa amada,
si yo soy parte de tu historia,
de tu grandeza y de tu gloria,
que se sumergieron en la nada.
Tus faenas han fenecido,
sólo se oye la voz del silencio
y el ruido del viento travieso,
que más parece un gemido.
Al verte tan triste y desolada
mi corazón se hace trizas,
se me escapa la sonrisa,
se me nubla la mirada.
Tus calicheras están silentes,
tus chimeneas han desaparecido
y el bullicio de tu gente
de pronto ha enmudecido.
Mi mente te revive por las noches,
aquellas en que el sueño se me ha ido.
Te veo ante mí como un fantoche
y pensando en ti me he dormido.

G I N A

 

PAMPA

 

No sé qué misterios escondes, ¡OH pampa!, que te metes en el corazón del que pisa tu calichoso suelo. Lo subyugas, lo cautivas, lo encadenas para siempre a ti. Quién vivió en tus áridas llanuras, no podrán ya jamás olvidarte, aunque esté en una bella ciudad; sus calles pavimentadas no podrán hacer que olvide tus polvorientas callejuelas. Sus modernas casas y arquitectónicos edificios no lograrán borrar de su mente tus sencillas y pequeñas casas que otrora lo cobijaron. O si se encuentra a orillas del mar, contemplando como revientan estruendosas las olas sobre las rocas vistiéndolas de blanca espuma, allí estarás tu en sus pensamientos. O si en el campo disfrutando de los bellísimos paisajes que este ofrece con sus hermosos ríos, valles y lagos; con sus amaneceres impregnado de dulces trinos de alegres avecillas que son una verdadera fiesta. Admirando sus cerros alfombrados de generosa vegetación, espacios que el Supremo Creador ha llenado de belleza y encanto; en un lugarcito de su corazón siempre estarás tú como diciéndole: “Yo también soy parte de la creación de Dios y no soy menos hermosa que todo lo que tú admiras”. Entonces en su mente aflorarán más nítidos los recuerdos de aquellos cerros desnudos, pero hermosos, de mil colores y tonos y de formas variadas y asombrosas, contrastando con el límpido azul de tus cielos; que no recuerda haber visto otros más bellos. Piensa en tus noches estrelladas, la más fantásticas que sus ojos han admirado, y se da cuenta que se enamoró de ti.

 

“G I N A“

 

 

LOS MUERTOS DE MI PAMPA

 

Yo evoco a los muertos de mi pampa,
a los que en ella se durmieron para siempre,
abrazados a esta tierra calichosa

de viento quejumbroso y de sol candente.

Solitario camposanto de la pampa,
mudo testigo del dolor y desaliento

de deudos de rastros demacrados,
delatores de su amargo sufrimiento.

Al mirar tus cruces y rejas destruidas,
por la acción del tiempo inexorable,
pienso en la pena e impotencia

tras el último adiós inconsolable.

Medito en tantas vidas extinguidas

que se apagaron cual cirios macilentos,
y en las lágrimas de parientes y amigos

que bebió con avidez tu sediento suelo.

Ya no hay más lágrimas amargas,
y el rictus de dolor ha desaparecido.
La pena a la resignación cedió el paso,
pero jamás al abandono y al olvido.

“G I N A“